Lucas 5:12-13
Sucedió que estando él en una de las ciudades, se presentó un hombre lleno de lepra, el cual, viendo a Jesús, se postró con el rostro en tierra y le rogó, diciendo:
Señor, si quieres, puedes limpiarme. [13] Entonces, extendiendo él la mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante la lepra se fue de él.
Mateo 8:1-3
1] Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. [2] Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. [3] Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.
Marcos 1:40-42
40] Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. [41] Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio. [42] Y así que él hubo hablado, al instante la lepra se fue de aquél, y quedó limpio.
Viniendo del Sermón del Monte estaba Jesús en una ciudad. Mientras Él compartía, a lo lejos se oía una leve campana sonando o una voz que anunciaba al leproso, era el monstruo que asustaba a los niños o el ejemplo que usaban los papás por si un hijo no obedecía sabría que el leproso vendría y se lo llevaría.

 

¿Quién era este? Era alguien que sufría, enfermo, en algún momento de su vida apareció esa terrible enfermedad llamada lepra. Por lo mismo, esa enfermedad excluía de la sociedad a los enfermos; nadie lo oía, ya no recordaba cuando fue la última vez en que fue tocado, abrazado. Aún la Ley lo marginaba, era impuro. Así vivía esperando la muerte.

 

De alguna forma se enteró que el Maestro estaba allá, poco importó saberse impuro, fue más grande su necesidad, y quizá se estaba jugando su última carta.

 

Sabía su destino: vivir alejado de la sociedad como un gran apestado, el desecho humano, pero un pequeño rayo de esperanza se asomó en su lánguida vida…Y decidió jugarla.

 



Entró en la ciudad provocando el rechazo, el olor, el temor a ser contagiado y tal vez algunos huyeron y si, se presentó frente a Jesús suplicando: si quieres, puedes limpiarme.

 

¿Jesús tocó su hombro? O su cabeza, o su cara, no lo sé pero al tocarlo transmitió el afecto y el amor que este hombre desdichado anhelaba, el amor de Dios. El toque del Maestro, tal vez un animalito en el desierto o una hoja que cayera o las gotas de lluvia eran su único consuelo, ¿su familia? ¿su pareja? ¿sus hijos? tal vez nunca los tuvo y quizá lo anhelaba.

 

Jesús dijo: quiero sé limpio y el milagro más grande para este hombre se llevó a cabo.

 

Quién tiene lepra hoy. ¿Acaso tú? ¿Acaso no te sientes como este hombre? Tal vez no tengas lepra pero te sientes rechazado, solo, apestado, ¿necesitas afecto?

 

Solo Jesús puede tocarte y darte lo que necesitas, no una religión, sólo Jesús.

 

¿No te gustaría hoy ser limpio?

 

¿Deseos de llorar? ¿suicidio? ¿matar?

 

¿Tu familia te ha dejado?

 

¿No sabes qué hacer con tu desventura?

 

Ven, ponte en paz, ven al Monte Calvario.

 

Alguien murió por ti.

 

Ven a Cristo.

 

Ven por tu milagro; si te sientes leproso estás en el lugar correcto,

 

Jesús puede abrazarte y también puede quitar tu lepra.

 

Para todos los leprosos de todos los tiempos.

 

AT

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